Tenis

El día en que las raquetas de madera pasaron a mejor vida

El último Grand Slam que se ganó con una raqueta de madera fue en 1983 en Roland Garros.

Durante un siglo, los partidos de tenis se disputaron con raquetas hechas de madera hasta que aparecieron nuevos materiales

El tenis es uno de los deportes más aclamados del mundo con 300 millones de practicantes en todo el planeta. El deporte como tal se inventó en el siglo XIX y fue adquiriendo una tremenda popularidad hasta ser incluido en los primeros Juegos Olímpicos modernos en 1896. En 1926, pasó a ser un deporte profesional con sus primeros torneos internacionales con esta denominación.

Pese a que inicialmente se jugaba con las manos en Francia, el tenis empezó a adquirir popularidad con la introducción de las raquetas. Este elemento tenía un cordaje que acompañaba a una circunferencia con la que se golpeaba la pelota y una empuñadura donde los jugadores sostenían todo el elemento y donde daban potencia a sus golpes.

De inicialmente pesar casi un kilo, las raquetas fueron modernizándose hasta alcanzar en los años 60 el peso estándar de 400 gramos. Las primeras superestrellas de este deporte jugaron con raquetas de madera, igual que los primeros esquiadores alpinos profesionales también hicieron sus pinitos con este material.

El inicio del cambio

A finales de los 70, irrumpieron en todos los deportes nuevos materiales que pusieron en jaque la hegemonía de la madera. Los tenistas pudieron elegir entre las raquetas tradicionales o las nuevas de fibra de vidrio. Este tipo de raquetas, sin embargo, no triunfaron inicialmente encontrándose con escépticos que las detestaban al ser menos precisas que sus antecesoras, aunque fuesen 50 gramos más ligueras. Muchos se quejaban de que vibraban en exceso.

Esta convivencia entre raquetas de un tipo y otro duró una década, con el último Grand Slam ganado con una raqueta de madera en 1983 en Roland Garros. En ese año apareció como nuevo elemento el grafito, que adelgazó si cabe todavía más la raqueta sin que perdiesen tanta precisión. Fue, precisamente, una mezcla de grafito y fibra de vidrio lo que jubiló a las raquetas de madera.

Hubo jugadores que intentaron seguir con las viejas raquetas de madera tras la aparición de la nueva tecnología, pero todos fueron arrasados sistemáticamente aceptando el cambio. Y es que la nueva raquetas aportaban más ligereza, más flexibilidad y, por supuesto, más velocidad de bola haciendo obvio que había que subirse a esa ola.

La última vuelta de tuerca

Con el paso de los años, las raquetas han ido incorporando la fibra de carbono como un material sustitutivo del grafito, mientras que el vidrio ha dejado paso a un acero superligero. Como anécdota queda que los tenistas de ahora rompen muchas más raquetas que en el pasado ante la facilidad de conseguir una nueva.

Las raquetas de madera estaban completamente personalizadas a los gustos de los tenistas y su fabricación llevada meses buscando troncos especiales que hasta se tenían que secar durante meses para ser enfundadas por los tenistas. Muchos tenistas, no en vano, gastaban una buena parte de sus ingresos en conseguir la herramienta perfecta para sacar el máximo partido a sus habilidades.

Lo más curioso de todo es que la evolución en el tenis no se detendrá en las actuales raquetas y con el paso del tiempo probablemente aparecerán nuevos materiales que nos hagan ver las raquetas actuales como vemos ahora las de madera.