Wimbledon

El día en que Juan Carlos Ferrero rechazó entrenar a los mejores del mundo por Alcaraz

Dominic Thiem, Juan Martín del Potro o Simona Halep quisieron a Ferrero como entrenador.

Ferrero se centró en el desarrollo de Carlos Alcaraz con 14 años y ahora recoge los frutos de aquella apuesta

Juan Carlos Ferrero fue el hombre que transportó a Alexander Zverev al siguiente nivel. El valenciano cogió al alemán como pupilo en 2017 elevándole en el ranking ATP hasta el top-3 e incluso ganando el Master 1.000 de Canadá. Estos resultados fueron llamando la atención de todo el mundo, dándose a conocer el Juanqui entrenador por su cuidadosa preparación de las cosas y por su sabiduría desde el box.

Ambos, sin embargo, rompieron al año de relación por culpa de la falta de disciplina del joven tenista, quien llegaba tarde a los entrenamientos y no estaba centrado. El que fuera número 1 del ranking tuvo varias llamadas de peso para que escogiese a algunas de las mejores raquetas del mundo en ese momento... y con un salario generoso.

Dominic Thiem, Juan Martín del Potro o Simona Halep querían por todos los medios su ayuda para alcanzar un nuevo nivel en su carrera y en todas esas conversaciones se encontraron el 'no' por respuesta. Nadie sabía a lo que estaba jugando un Ferrero que al mismo tiempo veía cómo su amigo y compañero de fatigas, Carlos Moyá, se convertía en el entrenador de Rafa Nadal.

Las cartas quedaron desveladas cuando empezó a acompañar de un lado a otro a un chaval que un año antes había entrado en su academia, la Equelite JC Ferrero, y que atendía al nombre de Carlos Alcaraz. "Al principio hubo muchos entrenadores y mucha gente que cuando cogí a Carlos me decían: '¿Dónde vas? Si tú has sido número uno del mundo. ¿Cómo te vas a meter con un crío a viajar en coche de aquí para allá?", confesó un Ferrero que tenía clara su apuesta desde el primer momento.

La apuesta por Alcaraz

El entrenador lo sacrificó todo por creer en un Alcaraz que era una aguja en un pajar en ese momento en el mundo del tenis. Ferrero le empezó a pulir a su imagen y semejanza con un juego versátil que le permite ser un más que notable jugador de fondo de pista, de saque o subiendo a red. Esos fundamentos evocan en cierta medida a lo que fue Juanqui antes de lesionarse y verse obligado a la retirada con apenas 32 años.

Ferrero, sin embargo, encontró la forma de salir adelante. El dinero que iba a perder por tomar esta decisión no era un problema. El entrenador ganó como jugador 14 millones de dólares y Alcaraz era una apuesta personal que, con apenas 20 años, ya suma un US Open y un Wimbledon, torneos que su maestro nunca pudo ganar.

La revancha de Ferrero

Si al tenista de Onteniente ya le hizo ilusión ver a su Carlitos ganar el año pasado a Casper Ruud en el US Open -del que fue finalista en 2003 como jugador-, disfrutar de un triunfo de Grand Slam contra Novak Djokovic le elevó al cielo. El serbio fue precisamente el verdugo de la última participación de Ferrero en un Grand Slam en 2012, perdiendo en Wimbledon por 6-3, 6-3 y 6-1 en ese encuentro de primera ronda del torneo.

Aquel Ferrero tenía la rodilla izquierda destrozada tras varias operaciones y apenas pudo competir ante un Djokovic que ahora ha visto cómo, 11 años después, Juanqui se ha vengado en donde más duele. El serbio estaba a punto de ganar su 24 Grand Slam cuando se ha cruzado con un rival que le puede detener en seco en su carrera por ser el mejor de la historia.

Desde luego es imposible saber el número de Grand Slams que puede ganar Alcaraz en lo que le resta de carrera, pero tampoco es menos cierto que esta asociación con Ferrero es lo mejor que le ha podido pasar en su vida a ambos. Las lágrimas que se vieron en el All England Club entre ambos así reflejan la apuesta ganadora que fue esta asociación. Ahora, a disfrutar de lo sembrado.