La Vuelta a España y su odisea hasta ser una gran carrera

La ronda española se inauguró en 1935, pero sufrió varios parones hasta conseguir celebrarse ininterumpidamente desde 1955

La Vuelta a España se ha celebrado sin interrupción desde 1955 tras un inicio complicado

El mundo del ciclismo siempre se ha distinguido por contar con tres Grandes Vueltas en su calendario anual. El Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España componen un calendario que en la actualidad se ha mantenido inalterable desde 1995 con la ronda gala en el mes de julio, la italiana en mayo y la española entre finales de agosto y septiembre.

Este equilibrio de fuerzas ha permitido a cada una tener su espacio y su brillo propio, pero hubo un tiempo en que no fue así.

La Vuelta a España fue la carrera que más tarde celebró su primera edición -allá por 1935- y tuvo muchos problemas para conseguir el reconocimiento internacional.

Mientras que el Tour de Francia ascendió por primera vez el Tourmalet en 1910 y el Giro de Italia ya había creado hasta los maillots de líder con la aparición de la 'Maglia Rosa' en 1931, en España no se había puesto ni la primera piedra de la carrera.

Las grandes vueltas estaban completamente vinculadas en ese entonces a los grandes periódicos deportivos de la época.

En Italia, La Gazzetta dello Sport fue el que fomentó la popularidad del Giro, mientras que L'Equipe hizo lo propio con el Tour de Francia. La primera edición de la Vuelta a España tuvo como primer sostén el diario Informaciones.

Complicado asentarse

La ronda española tuvo dos ediciones hasta que fue interrumpida por la Guerra Civil durante cuatro años.

En 1941, la Vuelta se reanudó con una participación casi totalmente española mientras los ciclistas extranjeros estaban atrapados por culpa de la Segunda Guerra Mundial.

Los organizadores, tras dos ediciones, decidieron cancelar nuevamente la carrera en 1943 y 1944 ante la escasez de recursos por la postguerra y la ausencia de repercusión por no contar con estrellas del ciclismo mundial.

El periódico Ya apareció en 1945 para relanzar la carrera consiguiendo financiación y repercusión. La Vuelta a España parecía finalmente asentada tras unos años muy complicados logrando celebrarse hasta 1950.

El principal escollo era que los ciclistas internacionales la seguían ignorando, pese al fin de la guerra y eso que se hicieron gestiones para atraer a las selecciones francesas e italianas. Recordemos que en esa época se corrían por equipos nacionales.

Así las cosas, la carrera volvió a no disputarse entre 1951 y 1954.

La competición era inestable y estaba herida de muerte en parte por culpa de la falta de financiación y también por los constantes cambios de fechas que tan pronto la llevaban a celebrarse en primavera como otra vez en otoño.

En 1955, otro periódico llamado El Correo Español, sí le dio la estabilidad económica necesaria a la prueba -coincidiendo con la mejora de condiciones del país- para poder atraer a corredores internacionales.

El asentamiento

Ese año se multiplicó la longitud del pelotón presentando por primera vez más de 100 ciclistas en la línea de salida.

Los premios aumentaron y se estableció una reducción de etapas de las 25 que había en sus albores a 18. Estos cambios atrajeron a grandes campeones internacionales que, además, valoraban el buen clima meteorológico que se encontraban siempre en la prueba.

La Vuelta a España se asentó en mayo coincidiendo en fechas con el Giro de Italia en un momento en que los grandes corredores debían decantarse entre una u otra carrera. Así fue durante 40 años, hasta que en 1995 la organización decidió dar un giro de 180 grados, saliéndose de su fecha habitual para pasar a finales de agosto y principios de septiembre.

Ese cambio estableció un territorio claro para cada una de las tras grandes. La modificación no sentó nada mal a una Vuelta a España que se convirtió en el plan B para los ciclistas que no rendían al nivel esperado en el Tour de Francia.

La prueba ha ido incrementando todavía más su 'pedigree' con apuestas arriesgadas que han dejado huella como las cuestas imposibles del 25% de desnivel o las salidas desde lugares icónicos.