Antonin Panenka, vacile y clase desde 1976

Antonin Panenka posa en el 40 aniversario de su famoso penalti.

El checo consiguió pasar a la historia sin tener una carrera futbolística extremadamente brillante.

"La primera vez que usé ese lanzamiento fue en la final de la Euro 1976 y luego creo que volví a utilizarlo a los tres años en Bratislava, contra Francia"

La vida de Antonin Panenka gira en torno a un momento. Unos pocos segundos en un 20 de junio de 1976 que cambió la historia del fútbol y en el que el checo dio una clase magistral de cómo ser recordado eternamente sin apenas ganar títulos ni destacar sobremanera por su carrera profesional o su juego.

Era la final de la Eurocopa de 1976. El partido se había ido a la tanda de penaltis y Antonin, centrocampista del Bohemians de Praga, sorprendió a todos menos a sus compañeros. Lanzó la pena máxima como nunca se había hecho: con una picadita por el centro de la portería mientras el guardameta se vencía a un lado. Sepp Maier, todo un porterazo campeón del mundo en 1974, solo pudo mirar el balón entrar.

"El entrenador y todo el mundo sabían cómo iba a tirarlo. Tal vez fue una sorpresa en el extranjero. La única persona que me dijo que en un partido tan serio no me debía atrever fue Ivo Viktor, el portero. Éramos compañeros de cuarto y me dijo que si me atrevía a tirar el penalti a mi manera no me dejaría volver a entrar en la habitación. Por fortuna, salió bien", explicó en una entrevista a Panenka, revista que lleva su nombre como homenaje.

La final, disputada en Belgrado, terminaba con una acción que perseguiría a su autor el resto de su vida. Panenka ganaba así el único título importante de su carrera ante una República Federal Alemana que era claramente favorita. Después de aquello, lo máximo que ganaría el centrocampista serían títulos nacionales con el Rapid de Viena.

"Comencé en amistosos, luego en partidos de liga y después ya con la selección. La primera vez fue en esa final y luego creo que volví a utilizarlo a los tres años en Bratislava, contra Francia. Allí fue un poco más difícil porque la prensa francesa ya me catalogaba como el 'poeta del fútbol'. Pero el portero parece que no leía los diarios: mi disparo le sorprendió", añadió.

Aquel lanzamiento sentó cátedra y, desde Zinedine Zidane en la final del Mundial 2006 a Sergio Ramos, que ha hecho del Panenka un arte, imitaron y perfeccionaron al checo. Actualmente, lanzar un penalti así es sinónimo de valentía y clase.

"No fue en absoluto un acto de rebeldía. Siempre concebí el fútbol como una alegría para los espectadores, un espectáculo que proporcionase temas de conversación en los bares. No fue un gesto que buscase la rebeldía sino la diversión", finalizó Panenka.