El partido más largo de la historia

En las antípodas del fútbol, antes de que este torneo se conociera como Copa América, Brasil se llevó la final más larga de la historia contra Uruguay

Más de 100 años después, aquel encuentro, aquella final, sigue siendo el más largo de la historia de la Copa América y del fútbol mundial

La Copa América es una de las competiciones más antiguas del mundo y como tal tiene cientos de curiosidades y récords que merecen ser desenterrados. Uno de ellos es el de haber albergado el partido más largo de la historia. El más largo sin que ningún acontecimiento metereológico o parón obligara a su suspensión. Un encuentro puro que se fue hasta los 150 minutos de duración y que siempre dejará la duda de qué hubiera pasado si el 0-0 hubiese continuado hasta el final.

Para rememorar esta historia hay que echar la vista muy atrás, hasta la Copa América de 1919, entonces llamado Campeonato Sudamericano. Era tan solo la tercera edición de esta competición, en la que Uruguay se había impuesto tanto en 1916 como en 1917. Solo cuatro equipos disputaron el torneo, Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, y tras disputarse tres encuentros, Brasil y Uruguay accedieron a la final por acabar en primera y segunda posición, respectivamente. La novedad fue que, a diferencia de las ediciones anteriores, esta contaría con una final para dirimir al campeón. ¿Fue intencionado? No, pero al terminar Uruguay y Brasil empatadas a puntos, hubo que hacer una final para ver quién se llevaba la copa a casa. Primer título para Brasil, que estaba alejada de ser la potencia de hoy en día, o triplete para Uruguay.

La final, como el resto de partidos, se jugó en el Estadio Das Laranjeiras, el campo del Flamengo. Más de 30.000 espectadores asistían a la posible coronación de Brasil ante una Uruguay que había dado los primeros pasos de su gloriosa historia. Con Héctor Scarone como estrella. El uruguayo, además de ganar dos Juegos Olímpicos, participó en la Copa del Mundo de 1930 y ganó cuatro Copas América. Pero ni él, ni una Brasil aún sin estrellas de renombre, fueron capaces de abrir el marcador durante los primeros noventa minutos.

Lo normal en esta época, en la que las normas del fútbol no estaban unificadas, era que el partido se repitiera unos días después, pero aquella vez se decidió que no. Se jugó una prórroga de 30 minutos, que terminó sin goles también y, como si fuera un partido de la NBA, se implantó otra prórroga.

Ahora sí, llegó el gol. A los dos minutos de la reanudación, Arthur "El Tigre" Friedenreich, el primer negro en jugar en la selección brasileña, derribó el muro uruguayo. Un gol que terminó decantando el campeonato para Brasil, ensalzando en héroe a Friedenreich y provocando que el balompié creciera en popularidad en el país brasileño.

Para la historia quedará la duda de qué hubiera pasado si la segunda prórroga también hubiese acabado en empate. No existían los penaltis y en un fútbol sin cambios como el de aquella época, otros 30 minutos parecen inconcebibles.

Más de 100 años después, aquel encuentro, aquella final, sigue siendo el más largo de la historia de la Copa América y del fútbol mundial. Un récord que no debería caer nunca.