Messi es como los demás

Messi ha perdido mucha reputación con el burofax pidiendo irse del Barça.
Messi, tras el hundimiento ante el Bayern.
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Igual el problema no era de Messi sino de todos nosotros que lo admirábamos por encima de lo que es y siempre ha sido: un gran futbolista, sin duda el mejor. Pero ya. Sólo eso.

"Es duro que el mejor jugador de la historia acabe también enfangado en guerras contractuales y de club. Somos unos cuantos románticos los que le veíamos lejos de ese cliché".

Lo que Messi ha conseguido con el famoso burofax dirigido al Barça es equipararse al resto, demostrarnos a los que lo considerábamos diferente que es uno más. Ni D10s ni el Messias ni un extraterrestre. Simplemente otro futbolista que se cree por encima de leyes y contratos, de escudos y camisetas, de aficionados y colores.

Es duro que el mejor jugador de la historia acabe también enfangado en guerras contractuales y de club. Somos unos cuantos románticos los que adorábamos a Messi, además de por su juego, por cómo había tratado al equipo que desde los 13 años creyó en él más que ningún otro. Esa fidelidad era el mayor valor del jugador más cotizado del mundo. Él no se compraba con dinero. Era como el primer amor que retumba de por vida en los corazones: irremplazable. Un jugador, el mejor, que además tenía la encombiable virtud de alejarse del cliché del fútbol moderno.

Haciendo bueno a Bartomeu

Las formas y la actitud de Messi en este asunto han roto para siempre su imagen de ídolo de masas. La estrategia de acogerse a una cláusula para salir del Barcelona se desinfla como un globo y ni Messi ni su entorno saben qué hacer. El paso del tiempo tampoco le ayuda. Hasta un presidente mediocre como Bartomeu está pareciendo bueno con su simple plan de negarse a negociar. Es lo que le toca en estos momentos y a lo que le obliga Messi con su actitud.

No hay duda de que el argentino ha hecho grande al Barça y quizá se haya ganado el derecho a decidir cuándo y cómo irse. Pero desde luego no así, no con un burofax cogido con pinzas en cuanto a lo jurídico, no tras un 2-8 ante el Bayern, no ante el enfado del barcelonismo y la guasa del madridismo, no por la puerta de atrás del Camp Nou en vez de por la puerta grande que tantas veces abrió con actuaciones sensacionales. Ni el Barça ni Messi se merecen eso. No, al menos, el Messi que todos conocíamos hasta ahora, el que ha dejado de ser un mito para ser humano...

Aritz Gabilondo,